domingo

117.3 la chispa de la vida. actualidad en la prensa


la chispa de la vida

Ya sólo quedan dos estados en el mundo donde no se puede encontrar Coca-Cola. En un paso más de los muchos que se están haciendo en Birmania, Coca-Cola vuelve después de que seis décadas atrás dejara de distribuirse. Hace veintiún años concedieron el Nobel de la Paz a la activista Aung San Suu Kyi y durante estas dos décadas y pico, encarcelada, hasta el sábado pasado no pudo ir a Oslo a recoger el premio. Nada curiosamente, la desaparición de la dictadura une la libertad de la activista y el retorno de la Coca-Cola.

Coca-Cola vuelve a Birmania del mismo modo como volvió a China en 1979, después de haber estado ausente durante treinta años, y del mismo modo como volverá a Cuba cuando el castrismo se pudra definitivamente. Ahora, el único Estado del mundo donde jamás se ha vendido es Corea del Norte, ese paraíso que gobierna con mano férrea Kim Jong-un, hijo de su padre y nieto de su abuelo y donde hace medio año la presentadora de la tele anunció entre lágrimas la muerte del Estimado Lider Kim Jong-il, diciendo: "Cho... che... te...".

No es extraño que, distribuida en casi todo el mundo, Coca-Cola haya sido considerada por los amantes del pensamiento fácil como un símbolo del pérfido capitalismo. Han pasado años desde aquellos ochenta en que rebeldes con barba y pantalones de pana consideraban casi facha que leyeses literatura norteamericana -la que se tenía que leer era la sudamericana, por solidaridad con no sé qué-, pero la tendencia perversa aún hoy, incrustada en el ADN de los actuales revolucionarios de sofá.

Tanto da que, luego, cuando tenemos a los nazis instalados en Europa y no sabemos cómo librarnos de ellos, tengan que ser los americanos los que desembarquen en Normandía para sacarnos las castañas del fuego. Tanto da, porque, por los tiempos de los tiempos, Estados Unidos seguirá siendo "un país sin historia" y "un lugar donde sólo comen hamburguesas".

Como muestra de este ADN corto de miras, el caso de l'Au Port de la Lune, ese restaurante de la barcelonesa plaza de Sant Galdric, en la Boqueria, en la parte norte de la calle Cabres. Es una especie de bistrot francés, cuyo mérito es exhibir en una pared un gran cartel en el que se lee, en un castellano macarrónico: "No Hay Ketchup, No Hay Coca-Cola, No Hay Coca-Cola Light Y NO HABRÁ" (sic). Toda una declaración de principios, deben pensar sus dueños, orgullosos.

Toda una declaración de estrechez de miras, pensamos otros cuando vemos el cartel. Qué gran heroicidad, hacer bandera de no tener Coca-Cola. Es una estrechez de miras que me recuerda la de aquel pizzero de Llívia llamado Fabián, que ahora también tiene pizzería en Barcelona. Su carta de pizzas la encabezaba (quizás aún la encabeza) la frase: "Aquí no hacemos pizzas margaritas!!!", fenomenal afirmación de presuntuosidad con tres signos de exclamación de cierre y ninguno de apertura, para acabar de ponerse en evidencia.

[Quim Monzó, LA VANGUARDIA, 22 de junio de 2012 (traducido del catalán).
imagen en: http://ondakin.com/]

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